Meditación

Entrena la mente, despierta el corazón

Meditación y acción práctica

Contenidos de los encuentros:

De la agitación a la calma

Enseñanza: fundamentos de por qué y cómo meditar.

Práctica:desarrollo de la calma mental; maneras de hacerlo (diversos soportes o  referencias/ayudas,) cómo superar las dificultades o distracciones.

De la calma a la claridad

Enseñanza:desarrollo y estabilización de la calma mental junto a la claridad, es decir una atención despierta que observa con presidencia de sus inercias o hábitos lo que experimenta la mente, permitiendo individualizar y gestionar los “lastres” emocionales y liberarlos.

Práctica:meditaciones con soportes, o referencias/ayudas, más sutiles así la confianza en las habilidades de la mente se hacen familiares como un recurso habitual

De la claridad a la calidez

Enseñanza:habiéndose familiarizado con la calma y la claridad, comienza el desarrollo de los aspectos más positivos de la mente, o podría decirse de la estructura emocional inherentemente sana,

Práctica: meditaciones reflexivas que estimulan el contacto con esa estructura emocional y la afianzan.

De la calidez a la empatía

Enseñanza:el sentido último de toda práctica contemplativa es adiestrar la mente y despertar el corazón para poder en todo momento, no solo abandonar los hábitos nocivos que nos dañan y dañan las relaciones interpersonales, sino también aprender a estar en el mundo con amorosa y afectiva presencia.

Práctica: “guía” para la post meditación, para el día a día…así la aparente separación entre el la práctica personal y la vida cotidiana se difuminan.

El Entrenamiento mental

En todas las enseñanzas budistas es muy importante desarrollar un buen corazón y cuando hablamos en desarrollar un buen corazón esto significa entrenar la mente; cuando reaccionamos dejándonos llevar por las emociones conflictivas, como enojo, apego, orgullo, celos, etc. nace un sufrimiento muy grande y como deseamos ser  felices y responsables emocionalmente no solo con nosotros, sino con todo nuestro entorno al que no deseamos dañar, tenemos interés en entrenar la mente y despertar el corazón como la más apropiada manera de disminuir tanto nuestro sufrimiento como el sufrimiento del mundo y este entrenamiento comienza desarrollando una buena motivación, un buen deseo, el de beneficiar y desarrollar los sentimientos y habilidades que encaucen esta noble intención; así con un correcto razonamiento y práctica meditativa diligente, esta intención llenará nuestro corazón de confianza y sabiduría.

A ese camino interior podemos considerarlo como el arte equilibrado entre la sabiduría y la compasión, y su recorrido puede rescatar y suavizar nuestra mente atrapada en sí misma por su propia sobrevaloración, liberando su genuino potencial para que obre con habilidades amorosas y creativas, ayudándonos a prestar atención a nuestras actividades físicas, a nuestro lenguaje corporal y hablado y sobre todo a lo que almacena, piensa y resuelve nuestra mente; así todo puede y debe ser la expresión de la sabiduría, apreciando a los demás viendo fundamentalmente sus capacidades humanas más profundas y auténticas y por encima de sus limitaciones circunstanciales y condicionadas por un mundo comparativo y competitivo.

Buscamos bienestar, confort en nuestra mente, pero lo que necesitamos es claridad en la mente, claridad en los procesos de pensamientos, de su elaboración, ya que cuando hay claridad hay sosiego, armonía y flexibilidad y así nacen la creatividad y el manejo afianzado del conocimiento de los propios recursos.

El camino del conocimiento profundo y la propia realización amorosa se desarrolla en dos ámbitos: la sabiduría y la compasión que en realidad son uno: la naturaleza genuina de nuestro interior absoluto. Ese camino nos lleva aconectarcon nuestra historia personal e integrarla manera en que nos reconocemos, renunciara las limitaciones que creamos y nos atrapan y finalmente despertardel sueño de la individualidad que nos asfixia.

El Buda habló en su primera enseñanza sobre el sufrimiento…y esa enseñanza está tan vigente hoy como hace más de 2.600 años, hoy lo llamaríamos estrés, angustia, baja autoestima…y aquella afirmación para asimilarla y que nos aporte algo verdaderamente superador podemos convertirlo en interrogantes ¿por qué no logro una felicidad estable, templanza? ¿Por qué los seres humanos nos dañamos y por qué no podemos abandonar la tendencia a dañarnos mutuamente?

Prescindiendo de las respuestas fáciles y más allá de las causas obvias, es necesario buscar donde se encuentran las razones de ese sufrimiento, sea éste sutil o conmocionante, buceando en nosotros mismos, con honestidad y tal vez encontremos finalmente que todo puede reducirse a las esperanzas desmedidas y a  los miedos sin fundamentos; a continuación ir un poco más allá hasta encontrar su origen: la inmadurez de nuestra mente ansiosa, especulativa y  fantasiosa, por lo tanto es imprescindible desarrollar sabiduría que ayude a comprender; por lo tanto el entrenamiento meditativo es insoslayable.

La primera cosa que enseñó el Buda después de su iluminación fue la verdad del sufrimiento cuya causa es la ignorancia. ¿Y qué es eso que llamamos ignorancia? Es el error activo de nuestra mente que soslaya el carácter compuesto de nuestras percepciones sensoriales y emocionales, dejándose atrapar por todas las fuerzas físicas y mentales que se unen para crear este mundo aparentemente sólido, en el sentido de permanente y existente por sí mismo.

Esto conduce al aferramiento y al interminable ciclo de incomodidad emocional, sufrimiento que se llama samsara. El samsara con todos sus sufrimientos empieza cuando nos involucramos en la solidificación de las apariencias externas en vez de centrarnos en nuestra base fundamental. La meditación ha sido desarrollada para comprender, en principio, el origen y mecanismo del sufrimiento emocional.

Es absolutamente necesario reconocer la profunda vinculación que nos une con todos los seres sensibles en tanto que expresiones diferentes de una esencia genuina que impregna nuestra naturaleza más profunda.

Podríamos decir que una suerte de “actividad narcisista” nos mantiene atados a nosotros mismos como Narciso a su imagen en el lago y como él nos “hundimos” en nuestra propia imagen; si realmente queremos liberarnos del espejismo de la auto importancia personal, debemos esforzarnos en superar esa identificación extrema que establecemos con todo lo que pensamos, sentimos, vemos, tocamos, etc. con lo que creemos ser, con lo que no creemos ser, una vez más…con esos miedos y esperanzas sobredimensionados, por lo que hay que prestar atención al juego de la mente que se ocupa casi exclusivamente de los contenidos de lo que experimenta y desdeña al mismo tiempo el ámbito espacioso que permite esas expresiones…la naturaleza de la mente.

Pero solo resaltar o censurar nuestros hábitos mentales y emocionales no harán  otra cosa que opacar las habilidades intrínsecas de nuestra naturaleza genuina, sabia y bondadosa y por el contrario alimentaremos el conflicto con nosotros mismo y el entorno. Entonces, para que estos rasgos no se enquisten en nuestra estructura emocional y se conviertan en una pesada carga y para que por el contrario sirvan de referencia en el camino, es necesario aprender a trabajar con nosotros tal como somos en este momento y circunstancia, más allá de reproches y agresiones, así con estas condiciones la estructura de nuestra personalidad se abre y en su interior brotan las cualidades esenciales del ser.

El proceso de la práctica de despertar la noble lucidez y el corazón benevolente se nutre de conectar con nuestras “sombras y fantasmas”, integrarlas junto a nuestros aspectos puros y a sus expresiones, renunciar al mandato que le hemos cedido a esas “sombras y fantasmas” y despertar del sueño de la individualidad que nos aísla.

Así conectar, integrar, renunciar y despertar nos permitirá destrabar y reencauzar la enorme inteligencia que subyace en el núcleo de todo conflicto, reconocer la coraza del carácter tras la cual nos protegemos, ese aspecto congelado de nuestro ser… Así, un aspecto de la práctica nos ayuda a asumir lo corriente y mundano mientras que otro aspecto subraya lo ilimitado, lo que está más allá de todo conflicto y el cultivo de esa apertura, que todo lo incluye, es lo que permite que la brisa fresca de la renuncia a lo claustrofóbico renueve nuestra vida.

KARMA TENPA

Karma Tenpa comienza su aproximación a las enseñanzas budistas hace aproximadamente 12 años, en el Centro Budista Kagyu Techen Chöling en Buenos Aires. Gradualmente su interés en el estudio y la práctica fueron creciendo hasta que en el año 2002, ya en España, decide ordenarse como monje, contando con la aprobación de V. Lama Drubgyu, Director Espiritual del Centro de Enseñanzas y Retiro Dag Shang Kagyu, en Huesca.

Allí  recibe  de V. Lamas Orgyen y V. Sönam los primeros compromisos, (Gueñen Dsompa) que dos años más tarde en India, en el Monasterio de Gyuto, vuelve a recibir de parte de M.V. Kenchen Trangu Rnpoché. A continuación y esta vez en el Monasterio de Sherab Ling, asiento en India de S.E. Situ Rinpoché, recibe la ordenación de Monje Getsul (Monje Novicio). En el año 2007 y luego de dos meses de residencia en ese mismo monasterio, recibe también de parte de S.E. Situ Rinpoché la ordenación de Monje Guelong (Monje completamente ordenado).

Desde el año 2004 reside en el Centro Budista Kagyu Dechen Chö Ling, ubicado en Madrid y dependiente de Dag Shang Kagyu, donde colabora en la gestión del mismo e imparte enseñanzas. Respondiendo a invitaciones y también por indicación de V. Lama Drubgyu, ofrece enseñanzas en distintos sitios de España. Durante el año 2012 y el corriente ofrece en el Hospital de Huesca, Unidad de dolor, cursos de meditación para pacientes y profesionales de la salud.

Sobre mí…desde mí: en mi vida como en la de todos, distintas cosas han sucedido…podría hablar de ellas como si de paisaje se trataran…he visitado paisajes muy bellos y armoniosos como el amor de mis padres, familia y amigos, verdaderos oasis…otros han sido tan áridos que me han desconcertado y empobrecido; algunos pocos fueron peligrosos y me han asustado. He visitado muchos laberintos y en todos me he perdido y de algunos he vuelto con más deseo de los que partí para, precisamente, satisfacerlos.

Me han acompañado cielos despejados la mayoría de las veces pero otras densos nubarrones y tormentas amenazadoras han sido la compañía. He subido a las cimas y… también me he desbarrancado.

Desde hace un tiempo estoy aprendiendo…y encuentro que para los distintos paisajes, sean unos o sean otros, lo más importante, para recorrerlos, es un buen calzado que se adapte al terreno y no al revés; este símil me ayuda a contar la manera como vivo el budismo; ser monje es mi “calzado” con el que intento seguir las huellas de quienes han dejado tras de sí una suave y amorosa impronta…indeleble para quienes quieran seguirlas.

Con ese “calzado” intento visitar el corazón de quienes me encuentro…en una unidad del dolor en un hospital, colaborando con entrenamientos meditativos para gestionar el dolor emocional que acompaña al extremo dolor físico; otras veces llego a la bondad de quienes me ayudan para mantener la sonrisa de pequeños huérfanos en Katmandú…y algunas veces, con sigilo, permanezco al lado de los enfermos…y esas huellas que dejo desandan todos ellos para vivir en mi corazón.

Soy feliz.